ALeo

Leo , el león

 
 

Del 22 de julio al 21 de Agosto
Elemento: Fuego

¿Quién de nosotros no ha leído alguna vez la clásica descripción de un nativo o nativa de este signo? Arrogante, haciendo gala de una seguridad en si  mismo que a veces dan ganas de retorcerle el cuello, se desliza por el mundo con el porte majestuoso de un felino, al tiempo que sacude su hermosa melena y obsequia a los espectadores con la más deslumbrante de sus sonrisas. Bien puede dar muestra de su real condescendencia: al fin y al cabo, ¿Quién es el más inteligente, el más guapo, y tiene más derecho a mandar en el cotarro? Él, por supuesto, y como no se le ocurre que alguien pueda ponerlo en duda, avanza feliz y satisfecho de si mismo.

Algo de verdad hay en todo esto, a qué negarlo, pero el retrato es incompleto y, por lo tanto, engañoso. Es cierto que todo Leo tiene una elevada idea de sí  mismo y que la humildad no se cuenta entre sus virtudes; también lo es que en ocasiones peca de arrogante y que le encanta estar en el centro del escenario, donde sus méritos sean bien visibles. Pero, ¿Qué mes decís de su generosidad a toda prueba, tu tolerancia hacia los fallos de los demás y su capacidad innata para perdonar y olvidar?

Amante de la buena vida –no olvidemos que su astro regente es el Sol -, le piden siempre lo mejor y, para escándalo de mezquinos, timoratos y envidiosos, generalmente lo consigue. Buenos son sus casas y sus coches, excelentes los colegios adonde manda a sus hijos, y si nos invita a cenar podemos estar seguros de que nos agasajará con esplendidez. ¿Cómo lo logra? Con inteligencia, optimismo y buena suerte, porque pertenece al signo más afortunado del zodíaco. Si hay que trabajar, trabaja y muy bien por cierto, pero la suave y aterciopelada piel de todo Leo hay un holgazán de vocación que, si las circunstancias se lo permitieran, ocuparía todo su tiempo en disfrutar sabiamente de todo lo bueno que la vida pone a su alcance.

Imaginación para ello no le falta –selectiva, eso si, y dinero por lo general tampoco. ¿Nunca te has detenido a observar la actitud de un Leo frente al dinero? Lo gasta a manos llenas, simplemente no solo en si mismo sino en sus amigos más necesitados, y te apuesto lo que quieras  que si ahorra es sólo una meta muy precisa e inmediata, nunca por previsión y a largo plazo. Y cuando se le acaba, de alguno modo vuelve a sus manos. ¿Pedir prestado? Jamás. Su orgullo se lo impediría, del mismo modo que le impide pedir un favor: prefiere hacerlos, lo cual satisface al mismo tiempo su sentimiento de ser necesario a los demás y su instinto natural de protección.

Lideres por naturaleza, los Leo prefieren obviamente mandar a ser mandados, pero si la vida los coloca en situación de tener que obedecer, se tomar su trabajo muy en serio y lo hacen a conciencia. Al margen de que funcionan de maravilla con un jefe que los elogie y delegue responsabilidades en ellos, ya se las componen ellos para sobresalir y dar la acabada impresión de que son absolutamente imprescindibles.

Como buenos leones, rugen de vez en cuando, en especial si creen atacados sus sagrados derechos, pero el susto no pasa de ahí; en rigor, lo hacen más por afirmación de su rango que por auténticos deseos de pelear. Pero si hace falta luchar de verdad en defensa de su familia o de sus amigos, de cualquiera en inferioridad de condiciones, allí están dispuestos a dejarse el pellejo en pro de una causa que consideran justa.
Tan ajenos a la envidia y a los celos como a la mezquindad y el rencor, su alma es noble y su corazón generoso. Sí, ya sé, puesto a mandar pueden pecar de tiranos, y en más de una ocasión, si no se los pone en su sitio, son unos entrometidos insoportables, pero es que les encanta estar enterados de todo lo que pasa a su alrededor y abrumar de consejos –excelentes por otra parte- a quienes no se los ha pedido.

Sin embargo, estos seres en apariencia tan extravertidos y seguros de si mismos tienen un punto vulnerable; los afectos. Sin gente que los estime, sin una familia sólida o sin un Amor con mayúsculas en quienes volcar su inmensa calidez, se sienten fatal y languidecen sin remedio.